La historia de un horno con raíces familiares
Nos transportamos al año 1975. Jaume Puig, mi padre, había dedicado años de juventud a trabajar en varios hornos de la comarca del Maresme. En nuestro querido pueblo, Arenys de Munt, la población crecía sin cesar, y la demanda de pan nunca dejaba de aumentar. Jaume vio una oportunidad para seguir haciendo lo que más le apasionaba, pero esta vez por su cuenta. Entusiasmado, compartió su idea con mi madre, Ana M.ª Marpons, quien en ese momento ya era madre de 3 de sus 5 hijos.
La casa en la que vivíamos tenía un antiguo horno, conocido como Can Garriga, que lamentablemente se encontraba en mal estado y requería una renovación. En aquellos años, la industria panadera empezaba a adoptar métodos más automatizados, y en muchos pueblos, los panaderos se unían para crear panaderías modernas. Sin embargo, mi padre, fiel a las tradiciones, decidió construir uno de los últimos hornos de piedra de la compañía Ferrer Mateu, especializada en hornos alimentados con leña.
NUESTROS PRODUCTOS: ELABORADOS CON ARTE, COCIDOS EN UN HORNO DE PIEDRA
Poco a poco, el proyecto tomaba forma, superando obstáculos técnicos con un espíritu lleno de pasión y dedicación. No obstante, los verdaderos desafíos surgieron en el terreno burocrático. A finales de los años 70, la burocracia era una barrera lenta y obstaculizadora. Fueron dos años de lucha, durante los cuales, a pesar de tener las obras concluidas, no se podía abrir, pero esa es una historia aparte. En ese tiempo, lo que más recordamos es el apoyo de amigos, vecinos, proveedores y familiares.
Finalmente, el 20 de junio de 1979, abrimos las puertas, y con cariño recordamos a nuestra primera clienta, La Asunción, cuyo hermano había trabajado en el antiguo horno de "Can Garriga". A día de hoy, a principios de 2021, todavía la tenemos como cliente fiel. En aquel entonces, mi padre se encargaba del horno, mi madre trabajaba en la tienda (y esperaba a su cuarto hijo), y mi abuelo Pedro era su ayudante, junto con tías, primas e hijos. Todos juntos sacamos el negocio adelante. Y no podemos olvidar la larga lista de empleados que han trabajado tanto en la tienda como en el obrador.
A partir de 1999, cuando mi padre se acercaba a la edad de retirarse, yo comencé a asumir gradualmente la gestión del horno, manteniendo nuestra tradición, que es lenta y auténtica. Esperamos con entusiasmo poder seguir compartiendo momentos y mesas con todos ustedes durante muchos años más.